
Os recomiendo que le echéis un vistazo.







Un éxito fundamentado en el humor que permite disfrutar de los libros y compartir la experiencia con otros televidentes.

El amor que inspiran los libros es una pasión compleja, tan difícil de explicar como la vida, a la que nutren y de la que se alimentan. El amor que reúne a un autor y a un lector alrededor de un diseño inmejorable, ese objeto tan simple y tan perfecto, tan barato, tan versátil, tan fácil de utilizar y reutilizar tantas veces, ligero, pequeño, fácil de transportar y rigurosamente dócil a la voluntad de su dueño, porque no necesita pilas, ni enchufes, porque nunca se cuelga, ni necesita actualizaciones, porque, más allá de la educación primaria, no requiere preparación alguna, y puede usarse igual debajo de la tierra y a nueve mil pies de altura –¿cómo pueden soportar los vuelos transoceánicos las personas que no leen?–, es de esos amores que le cambian la vida a cualquiera. Por eso es justo que la primavera ame los libros, que los libros se enamoren de la primavera.
Escribir un libro es inventar una isla desierta y desear apasionadamente un naufragio. Cada libro que se publica es un punto nuevo, una mota negra, redonda y diminuta, en el inabarcable azul del conocimiento, del pensamiento humano. Cada autor lo ha creado con sus playas y sus volcanes, sus ensenadas y sus peligros, sus selvas, sus desiertos. Y ha previsto que sea habitable, ha llenado sus mares de pesca y sus bosques de caza, ha escondido entre sus rocas estratégicos manantiales de agua potable, ha fecundado a conciencia sus llanuras para sembrar frutales y cocoteros, y se ha elevado a la altura de Dios, aunque haya tardado mucho más de seis días en crear todo esto y comprobar que es bueno. Después, irremediablemente humano otra vez, se ha limitado a cruzar los dedos para desear con todas sus fuerzas que un barco se hunda cerca de sus orillas, que al menos un hombre, una mujer superviviente, se deje salvar por las olas para recobrar la consciencia tumbado en la arena. A partir de ahí, todo el poder es del náufrago. De su voluntad depende que esa isla deje de estar desierta, que crezca, que se expanda, que se consolide como un continente fecundo y poderoso, o que esa mota negra, abandonada al azar de los mapas, pierda su forma, destiña su color, encoja de tamaño hasta convertirse en una sombra parda, después gris, un recuerdo borroso, frágil, polvoriento, por fin nada.
Claro que Robinson Crusoe me cambió la vida. ¿A usted no? No sabe la envidia que me da, porque eso significa que todavía podrá leerlo por primera vez. Que todavía podrá experimentar la emoción suprema de ese instante en el que Robinson sale de su cabaña, mira al suelo como todos los días, y ve en él una plantita verde, tierna, que le resulta conocida, porque es trigo, un grano de trigo que ha llegado hasta allí no se sabe bien cómo, porque él buscó afanosamente el grano que transportaba su barco sin encontrarlo jamás, y sin embargo, una sola semilla debió quedarse pegada en una tabla, en una caja, en el fondo de un saco, para desprenderse a tiempo, para caer en la tierra y recibir el agua de la lluvia, el calor del sol, hasta germinar a escondidas. ¡Oh, qué trampa sublime, oh, qué majestuoso artificio, oh, qué gloriosa osadía, oh, qué maravillosa rueda de molino, de esas que, al tragarlas, alimentan más que el pan! ¡Cuántos granos de trigo nos están esperando en todos esos libros que nos quedan por leer!
Si sale a la calle, si se deja guiar por la voluntad del sol en las mañanas lentas, perezosas, de esta primavera con prisas de verano, encontrará más de los que sea capaz de llevarse a casa en media docena de bolsas de plástico. Es posible que ahora mismo le estén llamando, que estén gritando su nombre, hasta sus apellidos, porque aunque usted no se lo crea, ya le conocen. Vaya a su encuentro, no lo dude. Mírelos, tóquelos, respírelos, sucumba a la borrachera de tinta que se desparrama desde el borde de todas las casetas de todas las ferias abiertas en casi todas las ciudades de España, y aspire su perfume. Porque los libros recién hechos huelen bien todo el año, pero cuando su olor se mezcla con el de la primavera, fabrican un aroma muy parecido al perfume de la felicidad.
Fuente: EL PAÍS SEMANAL 07/06/2009


Forge y la lectura. Fuente: Literatura infantil y juvenil actual.
Publicado en noviembre de 2008, El ladrón Mago de Sarah Prineas pertenece a la literatura fantástica juvenil. El protagonista, Conn, es un ladronzuelo que roba una piedra-amuleto al mago Nevery. Éste lo invita a cenar con la intención de convertirlo en su aprendiz. A partir de ahí la aventura está servida.
Fuente: Flickr
Rueda que rueda from sfer on Vimeo.
Tras la puerta from sfer on Vimeo.


Póster del encuentro en la sala de reunión
Mesa 3. Viernes tarde. (De izquierda a derecha) María José Cabello
Pío Baroja Paseando por El Retiro (1959). Fuente: El mundo (Archivo Muller)
La exposición en el Museo de la Ciudad. Fuente: FotoblogCompuesta por 100 fotografías en blanco y negro y unas 60 en color, la muestra recoge tomas desde mediados del siglo XIX hasta 2008 acompañadas por citas literarias que reflejan los vaivenes de la efervescencia cultural en Madrid.
Además de las fotografías de Navia, se expone otro centenar en blanco y negro de autores como Cualladó, Ramón Masats, Colita, Nicolás Muller...y algunas de autor anónimo. La mayoría son retratos de escritores, pero también se pueden ver bastantes del Madrid que retratan en sus novelas los escritores a los que está dedicada la exposición.
La exposición comienza con un vídeo de 16 minutos narrado por José Manuel Caballero Bonald en el que hace un recorrido por lo que después va a ser la exposición. Os dejo unos minutos de este documento audiovisual:

